lunes, 6 de mayo de 2013

Amanecer

Las mañanas deslizan su manto
sobre los cadáveres nocturnos.
La flor cierra sus pétalos,
el rocío riega la sangre.

Nuestros cuerpos se estremecen
bajo las sábanas limpias.
Las hebras de nuestros sueños
se incendian con el fuego del nuevo día
-el mismo fuego de ayer,
el mismo que nos va quemando
lentamente-.

Y nuestros ojos se abren
y el nuevo día va pereciendo
lentamente
como la eterna llama de su fuego
sentenciada a apagarse
lentamente.

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