No me basta con tus palabras
orbitando en el sistema solar de mis emociones.
No me basta con tu fácil me gustas.
Nada me basta de ti,
nada me basta de mi.
Mi cuerpo, un garabato de Dios.
Mi mente, una estación de tren eterna.
No me basta con mis palabras
tijereteadas nerviosamente.
No me basta con tu fácil me gustas.
Yo soy la araña pudriéndose en su tela,
impaciente, cambiando de exoesqueleto,
siempre insatisfecha, con un veneno de los mil demonios.
No me basta con decirlo
No me basta con sentirlo,
con haberlo pensado atropelladamente, a frenasos de bus viejo.
No me basta con tu no eres tonto,
no me basta con unir las palabras mal recortadas.
No me basta con el discurso suicida de siempre,
no me basta con estimular el llanto,
con patear la perra
con escribir en verso,
no me basta con tus palabras.
miércoles, 15 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
Fotografías hechas con una cámara estenopeica.
Fotografías hechas con una cámara estenopeica
nos hacen testigos de la contradicción más hermosa:
más allá de lo obscuro y lo diáfano,
de lo efímero y lo permanente,
de lo inteligible y lo inefable:
la translucidez misma de las animaciones.
Fotografías hechas con una cámara estenopeica
nos hacen testigos de la contradicción más hermosa:
más allá de la sonrisa incontrolable y de las grillas del sufrimiento,
de lo real y lo ideal,
más allá incluso del sol del día y el sol de la noche:
la lucidez que mata.
Fotografía hechas con una cámara estenopeica
nos hacen testigos de la contradicción más bella:
el esfuerzo humano de congelar el eterno y líquido momento.
lunes, 6 de mayo de 2013
Amanecer
Las mañanas deslizan su manto
sobre los cadáveres nocturnos.
La flor cierra sus pétalos,
el rocío riega la sangre.
Nuestros cuerpos se estremecen
bajo las sábanas limpias.
Las hebras de nuestros sueños
se incendian con el fuego del nuevo día
-el mismo fuego de ayer,
el mismo que nos va quemando
lentamente-.
Y nuestros ojos se abren
y el nuevo día va pereciendo
lentamente
como la eterna llama de su fuego
sentenciada a apagarse
lentamente.
sobre los cadáveres nocturnos.
La flor cierra sus pétalos,
el rocío riega la sangre.
Nuestros cuerpos se estremecen
bajo las sábanas limpias.
Las hebras de nuestros sueños
se incendian con el fuego del nuevo día
-el mismo fuego de ayer,
el mismo que nos va quemando
lentamente-.
Y nuestros ojos se abren
y el nuevo día va pereciendo
lentamente
como la eterna llama de su fuego
sentenciada a apagarse
lentamente.
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