Los días caen como las hojas del ciruelo
sobre la dureza del asfalto,
lentamente, húmedos, sin horizonte.
Figuras se estremecen en la eternidad,
transfigurándose las unas con las otras,
desfigurándose las unas con las otras.
Todo este tiempo vigilando en la penumbra
siluetas de mis ideas, efigies de los dioses,
un valle temeroso abrigado por la noche,
deseoso de que jamás amanezca,
de que todo sea obscuridad y barcos perdidos en la raya obscura del verdadero mar.
O de aquél mar que él cree el verdadero
Todo este tiempo arrodillado ante la inmensa vastedad la nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario